¿Puedes Creerlo?

1. ¿Qué se afirma?

Aunque suene simple, el primer paso para sopesar una afirmación científica es el establecer qué se está afirmando, así como lo que no se está afirmando.

Lee o escucha con cuidado. ¿Qué es exactamente lo que se está afirmando? ¿Dónde se ubica en el espectro entre lo posible y lo alucinante? ¿Estos hallazgos confirman o desafían las creencias existentes?

Trata de leer entre líneas cuando estás evaluando la validez de una afirmación. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué es lo que no están diciendo? Una fuente respetable reconocerá que quizá falten algunas piezas en el rompecabezas, o que hay áreas en las que se necesita más investigación.

Finalmente, no te dejes engañar al confundir correlación con causalidad. Correlación es cuando dos cosas cambian juntas: la relación puede deberse al azar, o puede haber una tercera variable causando ambos cambios. Causalidad, sin embargo, es una relación directa de causa-y-efecto entre dos cosas.

Supongamos que lees que el alto nivel de crímenes violentos está asociado con el incremento en la venta de helados. Las ventas de helados pueden estar correlacionadas con los crímenes violentos—ambos podrían incrementarse con el clima cálido—pero sería toda una equivocada exageración concluir que los helados causan los crímenes. La causalidad requiere de una mayor evaluación de las pruebas que en el caso de la correlación, principalmente porque requiere que descartes todas las otras posibles causas.

El problema en distinguir la correlación de la causalidad ha estado presente en la raíz del debate sobre el calentamiento global, un tema continuo y “caliente”. Mientras uno no puede negar el hecho de que las temperaturas a nivel global se están incrementando junto a las emisiones de los gases que producen el efecto invernadero—una obvia correlación—no es fácil probar causalidad en un sistema tan complejo.