¿Puedes Creerlo?

6. ¿Podría haber otra explicación?

A veces, no son los métodos de investigación o los datos los que son imperfectos, sino la interpretación de los datos.

Es parte de la naturaleza humana encontrar lo que estamos buscando—ya sea que esté realmente ahí o no—y no ver lo que no estamos buscando. A veces, la verdad científica cae presa de esta tendencia nuestra, cuando los científicos llegan a conclusiones que su investigación realmente no respalda.

Para un ejemplo clásico (y literal) de tal “salto” lógico, considera la historia del anatomista italiano Luigi Galvani que, en 1871, insertó un gancho de bronce en una de las ancas de una rana que estaba preparando para una disección. Cuando vio que el anca saltó, él, erróneamente, atribuyó el fenómeno a la “electricidad animal”, un concepto que era popular en ese entonces, de que los tejidos animales contenían una fuente de electricidad que les daba vida.

En realidad, no fue el anca de rana lo que había producido la electricidad, sino el contacto entre el gancho de bronce y la barandilla de hierro de la que colgaba la rana—un malentendido que no fue corregido sino hasta luego de muchos años después. Galvani no lo supo, pero no había descubierto la prueba de “electricidad animal” en absoluto. Había descubierto la batería.

A veces los investigadores admitirán que hay otras interpretaciones posibles de sus resultados, pero los errores andan a menudo escondidos justo donde nadie puede verlos (aún): dentro del paradigma dominante. Toda ciencia es necesariamente provisional; los hechos de hoy se hacen la ficción de mañana cuando nuevas herramientas de medición, nuevos descubrimientos, y nuevos paradigmas amplían nuestros conocimientos y entendimiento continuamente.