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¿Cómo puede un lápiz ayudar a diferenciar un cráneo fósil de otro?

Las diversas características de un cráneo fósil ayudan a que los antropólogos determinen a qué especie pertenecen.


Por ejemplo, el hombre de Neandertal tiene un trozo de hueso característico en la parte posterior de su cráneo, conocido como “cola occipital”. El Australopithecus es conocido por su rostro “prognático” o con protrusión hacia adelante. Un gran arco sobre las cejas, llamado arco superciliar (o supraorbital torus) es prominente en nuestros antepasados más antiguos, incluyendo al Homo erectus. Los arcos superciliares se redujeron en los humanos modernos mientras que nuestros cerebros—y cráneos—se ampliaron hacia adelante.


En algunos casos, se crean clasificaciones de especies enteras cuando los antropólogos encuentran fósiles que difieren radicalmente de los hallados anteriormente. El Homo rudolfensis es un ejemplo. Esta categoría fue creada cuando se encontró una calavera con un cráneo demasiado grande para ser Australopithecus y un arco superciliar demasiado pequeño para ser Homo habilis.