Investigando Relaciones

¿Está el habla en nuestros genes?

¿Es un solo gen, el FOXP2, el secreto del habla humana?

En las últimas décadas, los humanos hemos perdido una cierta cantidad de fundamento cuando se trata de la singularidad de nuestra especie. Hacer y usar herramientas teniendo distintas culturas eran cosas que anteriormente se pensaba que eran del dominio del Homo sapiens. Sin embargo, los chimpancés que empuñan lanzas y los monos que lavan papas son ahora prueba del hecho de que también otros primates utilizan herramientas y tienen cultura.

Entre nuestras pocas distinciones está nuestra capacidad de hablar un lenguaje complejo. Aparte de los esfuerzos exitosos para enseñarles lenguaje por señas a los gorilas, ninguna otra especie —primates o de otro tipo— es capaz de comunicarse tan elaboradamente o con igual complejidad en cuanto a la articulación, el vocabulario o la gramática, como lo hacemos nosotros. Entre los biólogos evolutivos, la pregunta natural que nuestro virtuosismo verbal plantea es la siguiente: ¿Exactamente cuándo —y cómo— aprendieron nuestros antepasados a hablar por primera vez?

La pregunta es engañosa porque, a diferencia de comportamientos más tangibles como el uso de herramientas, el habla no deja registro físico para que los paleontólogos hagan hallazgos y precisen fechas. Sin embargo, los investigadores han encontrado, de hecho, algunas pistas para el misterio del habla humana, no enterradas en la tierra sino en el genoma humano.

La grieta en el caso se originó en Londres, Inglaterra, donde habita una gran familia singularmente afectada por una patología inusual del habla y del lenguaje. Entre las tres generaciones de esta familia—conocida como la familia KE—alrededor de la mitad sufre de una grave dificultad para hablar, hasta el punto de que la gente generalmente no les puede entender en absoluto. Las dificultades parecen ser tanto neuromusculares como cognitivas, incluyendo problemas de capacidad para mover la cara y la boca y la incapacidad para procesar palabras de acuerdo a las reglas gramaticales.

En el 2001, unos investigadores anunciaron que habían identificado la causa de las penurias de la familia KE, un solo gen llamado FOXP2, que se encuentra en el cromosoma 7. Los afectados portan una mutación que es el equivalente a un “error tipográfico” de una sola letra en sólo uno de los 6 mil millones de pares de proteínas que componen el genoma humano. Al obstruir la acción de otro gen, la proteína codificada por el FOXP2 en realidad interfiere con el desarrollo de las rutas neurales y/o neuromusculares para la expresión lingüística.

La mutación de la familia KE se produce en una región del gen FOXP2 que es “altamente conservada” a través de muchas especies, lo que significa que no varía mucho en absoluto, incluso especies tan diferentes como la levadura y los orangutanes muestran poca diferencia en sus genes FOXP2. Espera, pensarás: ¿Otros animales tienen el gen FOXP2 también? Sí, lo tienen, y de hecho, las versiones compartidas por los seres humanos, ratones, perros, primates, y la mayoría de los otros mamíferos son casi idénticas. La versión humana del gen FOXP2 difiere de la versión de los primates en sólo dos pares de bases, y, sin embargo, los científicos especulan que uno de estos represente una importante diferencia de desarrollo.

Una pieza clave del argumento de que el gen FOXP2 puede haber ayudado a los seres humanos a desarrollar el don del habla es el hecho de que la variante humana de FOXP2 parece haber sufrido lo que se llama un “barrido selectivo”. Cuando se presenta una mutación especialmente beneficiosa en una especie, se propaga rápidamente y reemplaza con velocidad la versión original, mientras que las que no tienen la ventaja caen víctimas de la selección natural. Un barrido selectivo no sólo elimina el arreglo alternativo del par de base, también reduce la variación entre los genes vecinos. Sobre la base de esto y otras pruebas, los investigadores concluyen que la versión humana del FOXP2 se origina y se propaga con rapidez entre nuestros ancestros homínidos entre 10,000 y 100,000 años atrás.

¿Fue esta llegada oportuna de una mutación fortuita en un solo gen lo que provocó el desarrollo del habla humana? Quizás sí, quizás no. Otros cambios anatómicos—la posición de la laringe y la capacidad de abrir y cerrar de forma voluntaria la cavidad nasal, por citar dos—son fundamentales para el habla también, y otros genes que afectan las habilidades cognitivas y motoras son probablemente parte de la historia. Sin embargo, parece que esta sola mutación puede haber permitido al Homo sapiens hacer su camino hacia el rol de especie dominante en la tierra.